Inicio del Año Formativo 2017 - 2018: Palabras del Rector
Lunes, 02 de Octubre de 2017 19:23    PDF 
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Revdo. padre José Amable Durán Tineo: Palabras acto de apertura año formativo 2017-2018

 

Tengo, una vez más, la magnífica oportunidad de dirigirme a Ustedes y no puedo comenzar sin antes expresar mis más cordiales y afectuosos saludos de bienvenida a tan distinguidas personalidades que nos acompañan en este acto tan significativo para nosotros. Me complace poder saludar con afecto:

 

Al Excmo. Sr. Arzobispo Mons. Francisco Ozoria Acosta, Arzobispo Metropolitano de Santo Domingo.

 

A Su Excelencia Rvdma. Mons. Fausto Ramón Mejía, Obispo de la Diócesis de San Francisco de Macorís y Presidente de la Comisión Episcopal para los Seminarios Mayores

 

 Al Excmo. Sr. Obispo Mons. Jesús María de Jesús Moya, Obispo emérito de la  Diócesis de San Francisco de Macorís quien con paternal solicitud siempre dice presente en las actividades del Seminario. Gracias Monseñor.

 

A los demás obispos presentes…

 

A su E.R. Mons. Tomás Morel, Obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Santiago de los Caballeros y miembro de la Comisión Episcopal para los Seminarios

 

Saludo a los nuevos obispos Auxiliares electos Mons. Benito Ángeles Fernández, Mons. Fausto Burgos Brisman,y Mons. Jesús Castro a quienes felicitamos por su reciente nombramiento  

 

Al Rddo. P. Álvaro Izurrieta, Secretario de la Nunciatura, a quien agradecemos su cercanía.


Saludo a mis hermanos sacerdotes diocesanos y religiosos aquí presentes, gracias por su presencia y compañía que nos confirma en la comunión y en la colegialidad.


A cada uno de los docentes, muy especialmente a los que se integran este año al Claustro de profesores

 

A cada uno de ustedes jóvenes seminaristas en sus diferentes etapas de formación. Ustedes, como decía Pío XI “son y deben ser… el objeto principal de nuestros cuidados[1]. De ustedes la Iglesia espera sean cada vez más  “un signo personal y atractivo de Cristo en el mundo, según el camino de santidad  propio del ministerio sacerdotal[2].  En ustedes vemos a los pastores discípulos misioneros, que han de guiar a nuestra Iglesia, anunciado a tiempo y a destiempo, la alegría del Evangelio.

 

Ahora bien, humildemente pienso que la tarea de la formación hoy es más difícil y ardua que nunca dado los múltiples desafíos que presenta la cultura actual a todos los niveles de la convivencia humana. En el análisis que hacen nuestros obispos latinoamericanos en Aparecida y que muy bien recogen nuestros hermanos formadores de México en su Normas Básicas Para los Seminarios Mayores (NBFSM), subrayan que esta época se caracteriza por cuatro retos que merecen particular atención:

 

  1. Una gran diversidad cultural que en muchos casos genera temor, fragmentación y crisis de sentido. Ante tal desafío, “la formación sacerdotal deberá ser tal que busque generar una comprensión unitaria de esta realidad plural para que le permita a cada futuro sacerdote construir su propia identidad y ejercer su libertad con discernimiento y responsabilidad” [3]

 

  1. La sobrevaloración de la subjetividad individua que lleva al individualismo, el desinterés por el otro, la ausencia de proyecto a largo plazo, el aislamiento afectivo, la indiferencia ante el pasado, la incertidumbre ante el futuro, la adicción a las sensaciones, el hambre por el espectáculo. Ante tal desafío es preciso instaurar y fomentar una verdadera espiritualidad de comunión y participación

 

  1. La globalización desde la lógica de mercado, casi siempre injusta y excluyente. La verdad, la justicia, el amor, la dignidad y los derechos de todos, exigen trabajar por una globalización de índole diferente, marcada por la solidaridad y la justicia. Este desafío no reta sólo a la enseñanza en las aulas, sino a la formación sacerdotal en su vida y práctica cotidianas[4].

 

  1. El desafío que surge de la tecnología y de su constante innovación. Sin perder de vista el bien inmenso que puede lograrse a través del uso adecuado de la misma, no deben ocultarse tampoco los riesgos que su abuso puede ocasionar. Formar en este contexto presenta desafíos nunca antes imaginados, pues exige educar para el uso de estos medios, pero al mismo tiempo reglamentarlo.

 

Ahora bien, teniendo en cuenta que la vocación sacerdotal es una llamada, un don especialísimo de Dios en la Iglesia y para la Iglesia,  es preciso hacernos conscientes de que la ardua y delicada tarea de la formación y el discernimiento vocacional es responsabilidad de todos  los miembros de la comunidad eclesial: obispos, formadores, directores espirituales, seminaristas, psicólogos, profesores, párrocos; muy especialmente a los que se les confía la tarea de acompañamiento en el apostolado, laicos comprometidos, personas consagradas y las propias  familias. Por lo tanto, es indispensable superar la idea de un seminario constituido sólo por sacerdotes y seminaristas, para avanzar hacia la construcción de una verdadera comunidad formativa en comunión eclesial.

 

Que la Santísima Trinidad fuente y origen de toda comunión, nos ilumine, guíe y fortalezca en nuestra vocación y misión. Muchas gracias.

 

[1] cf. Pío XI,  Enc. Ad catholici sacerdotii, 50

[2] cf. NBFSM, 3

[3] cf. DA 33-42.

[4] cf. DA 60-97