Inicio de Año Formativo 2018 - 2019
Jueves, 30 de Agosto de 2018 21:35    PDF 

«En la Eucaristía y la santificación, vivimos el don de la vocación»

Año Formativo 2018 – 2019

 

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Con un gran acto inaugural, el Seminario Pontificio Santo Tomás de Aquino, inició formalmente su nuevo año académico-formativo 2018 – 2019. Este acto estuvo dividido en dos partes fundamentales. En primer lugar, se llevó a cabo una Lectio Brevis, cuyo expositor fue el Reverendo P. Benito Florentino Gómez, nuevo formador de este seminario. La temática que abordó fue: “Nueva visión del ministerio ordenado a la luz del Concilio Vaticano II”. En su presentación, el P. Benito Florentino destacó el giro que ha tenido la concepción del sacerdocio ministerial tras el Concilio Vaticano II.

 



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Luego de la Lectio Brevis tuvo lugar la Santa Eucaristía, presidida por Monseñor Andrés Napoleón Romero Cárdenas, obispo de la Diócesis de Barahona, el cual estuvo acompañado por una gran parte de los obispos del país. En esta Eucaristía tuvo lugar la juramentación de los nuevos formadores y profesores del seminario. Así, con mucho entusiasmo y con grandes expectativas dio inicio el nuevo año académico formativo en el Seminario Pontificio Santo Tomás de Aquino, en él 99 jóvenes seminaristas, y 8 formadores, se disponen a dar su mayor esfuerzo en este camino de formación hacia el sacerdocio.

 
Plan de Pastoral - Noviembre, mes de la familia
Viernes, 03 de Noviembre de 2017 16:37    PDF 
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Celibato y Abusos a Menores
Viernes, 03 de Noviembre de 2017 16:10    PDF 
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Ante lo sucedido el pasado fin de semana, se ha desatado una especie de cacería de brujas. El sábado (5/08/17) se daba a conocer la infausta noticia de que un sacerdote había cometido un crimen que consternó a toda la sociedad. Es un hecho penoso y lamentable que nos afecta a todos: la sociedad, la Iglesia, los sacerdotes y las familias tanto de la víctima como del victimario.

 

Se han tejido toda clase de especulaciones en la urdimbre del espectro de la opinión pública y privada, sólo se habla de eso en todos los ambientes. Hay quienes han hablado de forma sensata, otros han condenado y satanizado. Antes de lo ocurrido parece que nadie sabía nada, ahora da la impresión de que sí había conocimiento de la situación que envolvía la relación de los implicados en este hecho tan triste y lamentable que pudo haberse evitado con una denuncia.

 

Para muchos, el celibato sacerdotal es el culpable de lo que ha pasado. Como decía Albert Camus: “siempre el otro tiene la culpa”. No es nada nuevo, desde el inicio de la creación el ser humano ha buscado un culpable, v.gr. Adam y Eva.

 

Hoy se quiere culpar al celibato, se dice que si éste fuera abolido de la Iglesia y los sacerdotes se casasen estas cosas no ocurrirían. Nada más lejos de la realidad. Los hechos nos muestran que la mayor cantidad de abusos a menores ocurren dentro de su propia familia iniciando por el padre, seguido de la madre, tíos, etc. Se calcula que entre el 65 y el 85% de los agresores pertenecen al círculo social o familiar de la víctima (Echebúrua, Enrique y Guerrica Echevarría, Cristina, Abuso sexual en la infancia: víctimas y agresores. Un enfoque clínico, Barcelona 22005,12).

 

La culpa no es, por consiguiente, del celibato. Busquemos otro “culpable”. La culpa es nuestra. Sí, nuestra. La culpa es del hombre, de todo hombre; o sea, de la sociedad. La culpa es de todo ser humano que dejándose llevar de sus impulsos pasionales y enfermizos desvía su conducta sexual y no es capaz de dominarse a sí mismo y controlar sus bajos instintos, y en vez de dar un amor sano y puro a los infantes los ve con un deseo erótico para satisfacer la libido sexual.

 

Este es un problema humano, del hombre; no de una norma eclesial. Y, quede claro, que con esto no estoy defendiendo lo sucedido. Por el contrario, condeno el hecho como tal, más aún cuando está de por medio la vida de una persona, la cual siempre tiene un valor inconmensurable y sagrado.

 

Lo ocurrido debe movernos a una reflexión seria como nuestra sociedad, como la Iglesia, como familia o individuos particulares. Como sociedad no podemos quedarnos en el lamento, sino que desde los estamentos del estado es necesaria una protección más efectiva de nuestros niños y adolescentes, además de una sana orientación y educación sexual adecuada a su edad; como Iglesia debemos hacer una reflexión y revisión profunda en la selección de los candidatos al sacerdocio; como familia no podemos permanecer en la inocencia y confiar ciegamente en terceros e incluso los propios miembros de la familia, sino estar atentos a nuestros hijos y no pasar por alto ningún comportamiento extraño o movimiento inusual de dinero o exhibición de cosas de valor que no se le hayan facilitado en casa, también se les debe ensenar a decir NO cuando cualquier persona adulta les haga propuestas que les hagan sentir incómodos, mal o confundidos; como individuos cada cual debe revisarse y reflexionar sobre qué ha hecho para construir una sociedad más sana y más humana, ya que la que tenemos actualmente no va por buen camino, al contrario, cada día se enrumba más y más por un derrotero que no se sabe a dónde vamos a parar.

 

No busquemos un culpable, más bien reflexionemos y actuemos antes de que sea demasiado tarde.

 

R. P. Ángel Díaz Gil, Formador del SPSTA

Santo Domingo, 11/08/2017

 
El Sacerdote y la Catequesis
Miércoles, 01 de Noviembre de 2017 21:53    PDF 

EL SACERDOTE Y LA CATEQUESIS

 

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Con relación a la catequesis, la figura del sacerdote engloba una importancia capital, ya que es el primer catequista de la comunidad donde se encuentra. Y, está comprometido a formar y preparar a los demás catequistas de su entorno parroquial. De modo que, debe prevalecer en cada sacerdote el entusiasmo por educar y formar a sus catequistas para que cada miembro de la parroquia se sienta identificado con su pastor, y de esta manera pueda crecer toda la comunidad.

 

De igual manera, es sumamente importante conocer las responsabilidades y compromisos que conlleva ser un sacerdote cercano a su comunidad, y cumplir su rol como un pastor dedicado a sus ovejas. Es por ello que serán presentados a continuación algunos puntos esenciales de vital importancia para el ejercicio eficaz de la catequesis en el sacerdote dentro de su panorama catequético.

 

En tal aspecto, nos dice el Directorio General para la Catequesis “la función propia del presbítero en la tarea catequizadora brota del sacramento del orden que ha recibido [...] este sacramento constituye a los presbíteros en educadores de la fe” (DGC 224). Destacando que el sacerdote, por el sacramento del orden está constituido en catequista, educador, maestro y pastor en la fe.

 

En efecto, el sacramento del orden otorga al presbítero una configuración particular con Cristo, profeta, sacerdote y pastor. De modo que, esta configuración original la que hace actuar al sacerdote, como “in persona Crhisti”, como “ministro de la Cabeza” (PO 12), como “signo sacramental de Cristo” (PDV 16).

 

También, el sacerdote es un motor imprescindible de la catequesis. Pues, al afirmar que es motor, se quiere mostrar que le corresponde potenciar, animar y suscitar el compromiso corresponsable de todos los miembros de la comunidad en la catequesis. Debe ser un motor incansable, que impulse cuando todo es favorable, pero sobre todo cuando hay que enfrentar situaciones adversas, cuando los recursos son limitados y los agentes pocos.

 

El sacerdote está llamado a hacer presente a Cristo Cabeza de la Iglesia en la comunidad eclesial a la que sirve. Como cabeza de esa porción del Cuerpo Místico de Cristo tiene que ofrecer el servicio de coordinación; y, también tiene el compromiso de orientar la catequesis, ya que tiene la misión de discernir por dónde llevar la educación en la fe de su comunidad.

 

El sacerdote, como buen catequista, está llamado a expresar clara y certeramente la doctrina de la Iglesia, surgida de la Sagrada Escritura y la Sagrada Tradición y al mismo tiempo a compartir con prudencia y valentía los nuevos aportes de la reflexión de la fe. Por eso el sacerdote es un verdadero y auténtico catequista de su comunidad. El sacerdote es constituido por el Orden en “educador en la fe” (DGC 224). En definitiva, el sacerdote discierne los caminos de la catequesis; fomentando y discerniendo la vocación de catequista; por lo cual, el sacerdote es el catequista de los catequistas (Cf. DGC n. 25)

 

En definitiva, se deben tener en cuenta cuales son las tareas propias del presbítero en la catequesis, de manera que se hará mención de las siguientes (DGC n. 225):

 

– suscitar en la comunidad cristiana el sentido de la común responsabilidad hacia la catequesis, como tarea que a todos atañe, así como el reconocimiento y aprecio hacia los catequistas y su misión;

– cuidar la orientación de fondo de la catequesis y su adecuada programación, contando con la participación activa de los propios catequistas, y tratando de que esté “bien estructurada y bien orientada”

– fomentar y discernir vocaciones para el servicio catequético y, como catequista de catequistas, cuidar la formación de éstos, dedicando a esta tarea sus mejores desvelos;

– integrar la acción catequética en el proyecto evangelizador de la comunidad y cuidar, en particular, el vínculo entre catequesis, sacramentos y liturgia;

– garantizar la vinculación de la catequesis de su comunidad con los planes pastorales diocesanos, ayudando a los catequistas a ser cooperadores activos de un proyecto diocesano común.

 

En fin, el sacerdote es el principal gestor de catequesis en su parroquia, de él depende que la formación y preparación de sus catequistas y feligreses se mantenga en buna armonía y agradable preparación. Bien lo expresa el Directorio General de Catequesis, que: la experiencia atestigua que la calidad de la catequesis de una comunidad depende, en grandísima parte, de la presencia y acción del sacerdote. De manera que el sacerdote debe asumir en su parroquia el compromiso catequético como parte elemental de su ministerio sacerdotal; en la formación de sus fieles.

 

Por: Hannly Alfredo Sosa Capellán

 


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