Mensaje del Rector
Mensaje del Rector
Lunes, 08 de Septiembre de 2014 00:00    PDF 

 

Muy queridos hermanos y hermanas que nos siguen a través de este medio, un saludo cordial en Jesucristo el Señor. El pasado 25 de agosto hemos iniciado formalmente nuestro año formativo 2014-2015 con mucho entusiasmo y esperanza. El lema que nos servirá de orientación para este período reza: “En Cristo Pastor fomentamos la cultura del encuentro”.

 

En este sentido, siguiendo la Exhortación Apostólica del Papa Francisco, y los lineamientos que nos traza el Documento de Aparecida, nos proponemos trabajar en tres dimensiones fundamentales de toda vocación: la identidad, la vida comunitaria, y la misión.


La identidad, el objetivo fundamental de todo seminarista, de todo candidato al sacerdocio es configurarse con Jesucristo, Buen Pastor. De ahí que la identidad sacerdotal brota de una llamada, de un encuentro personal con Cristo que se va esclareciendo y fortaleciendo día a día mediante la escucha de la palabra, la oración, la participación cotidiana en la santa Eucaristía, el estudio y la convivencia sana y fraterna. A esta llamada vamos respondiendo en la entrega, en el trabajo, en el servicio, en las pequeñas renuncias de cada día, en una palabra, en la acogida humilde de la cruz que implica el seguimiento de Cristo.


La vida comunitaria, nuestra vocación, nuestra identidad sacerdotal, tiene su raíz más profunda en la Trinidad, es decir en el misterio más profundo de un Dios que no es ni existe sólo, sino que es Padre, Hijo y Espíritu Santo, lo que quiere decir que toda vocación es expresión de comunión. Por otra parte, el sacerdocio nace en la Iglesia y para la Iglesia, comunidad de fieles. Por ello el seminarista, desde sus primeros pasos ha de ir aprendiendo a vivir en comunidad, es decir, a compartir el pan, a la corrección fraterna, a respetar las opiniones ajenas, a jugar y trabajar en equipo. El mismo Jesús forma una comunidad con los apóstoles con quienes come, a quienes corrige y enseña. Por ello descubrir la propia identidad y la vida en común son los primeros elementos que mediante el diálogo, la acogida y la tolerancia, sin renunciar a los propios principios, nos llevan a ir forjando una verdadera cultura del encuentro.


La misión, de todo lo anteriormente expresado se colige que la misión, del presbítero, es vivir en comunidad, testimoniar la comunión, provocar el encuentro, pero no un encuentro banal o superficial, sino un encuentro franco y sincero que busca la verdad, nace de la PALABRA y lleva a la fraternidad. Que el Señor nos asista con su Santo Espíritu y derrame abundantes bendiciones sobre cada uno de nosotros.

 

Con aprecio, Revdo. P. Amable Durán (Rector)